Sunday, 14 December 2008

John Szarkowski, Photographer, Critic Extraordinaire





































John Szarkowski, London 2002 ©Lalo Borja


He would have been 83 years of age had he been alive on December 18th 2008. Those of us who admire his writings, his sensitivity and his photographic eye, must remember him as the pioneer critic of photography for the second half of the Twentieth Century. He championed Diane Arbus, Garry Winogrand and Lee Friedlander, at a time in which there were still remnants of a bygone era when photography was thought of as an inferior sibling to painting.
He inherited the director's chair of the Department of Photography at the Museum of Modern Art in New York from Edward Steichen, and for the next thirty years his output as a critic and curator were a constant flow of spirited discourse and brilliant argumentation.
"In the photographic forum of the 1960's to the 90's, he was the equivalent of Aristotle or Socrates, arguing which gods should be revered, and which deposed. Szarkowski's views raised the ire of many photographers, but he had more photographic intelligence in his little finger than his fiercest critics had in their entire bodies", according to the writer and photographer Bill Jay.
His unfailing intelligence in all things photographic gave us the Photographer's Eye and Photography Until Now, two major texts to guide our search for answers in a world that is rapidly evolving when it comes to visual arts and not always for the better.

Tuesday, 9 December 2008

Two artists, brother and sister




Whitstable, Kent, is a beautiful coastal town full of artists. This single fact I can count as one of the blessings of the place. It also helps that the locale is easy on the eye. It always reminds me of San Francisco, when you drive down from the hills and see the town somewhat sleepy and the shimmering waves on the distance.
It was here that I recently met Ron Grun, brother of painter Cathy McTurk and master clarinetist. Ron is a most amiable fellow, quiet, unassuming and a wonderful musician who used to live in Los Angeles but now makes his home in Paris.
I wanted to seize the moment and asked them to stand for a portrait the next morning, the very last day of November 2008. Here are the results.

Saturday, 6 December 2008

Annie Leibovitz: A Photographer's Life

La fotógrafa y su hija mayor, Sarah, en Mayo de 2003- Poughkeepsie, Estado de Nueva York. Foto: Lalo Borja © "La Vida de una Fotógrafa" es título con el cual la reconocida artista americana presenta una extensa retrospectiva en Londres, en la National Portrait Gallery, ese templo del retrato. Como era de esperarse la muestra contiene un gran surtido de celebridades: aquellas que lo son por derecho propio al haber demostrado inigualables dotes histriónicas en la política o el cine; y otros, célebres por ser artistas, cantantes y modelos rutilantes. O atletas que han terminado siendo declarados por los medios como celebridades bona fide. La fotógrafa ha transitado la farándula, aquella que se mueve en las entretelas de la estratosfera hollywoodense, durante muchos años, y ha terminado, finalmente, siendo declarada ella misma una celebridad. Muchos dirán que por asociación. Yo quisiera pensar que por derecho propio gracias a su trabajo artístico. Lo más interesante, a más de paradójico, en esta exhibición nos muestra a la artista dispuesta a abrir ante el espectador una ventana a su vida privada, a sus pesares y sus alegrías. Mezclados en medio de algunos espectaculares retratos por entre las salas que conforman la galería, han sido colgadas pequeñas fotografías en blanco y negro que contienen los códigos de su intimidad. Así, somos partícipes del nacimiento de sus tres hijas, de las bodas de oro de sus padres y de numerosas escenas que sólo se ven en los álbumes de familia. Hay decenas de retratos de sus hermanas, su hermano, sus sobrinos, sus cuñados y, en especial, de sus padres a medida que envejecen. De esta forma hemos visto morir a su padre y a su compañera de muchos años, la escritora Susan Sontag. Llama la atención el empeño con que se nos han querido mostrar estos hechos. Es una demostración de inmenso coraje; en efecto, se trata de una catarsis llevada a cabo en público que seamos llamados a ser testigos a la fuerza para evidenciar los estragos que el cáncer y la edad hicieron sobre dos de sus seres queridos. En algún cuento de Borges hay una frase lapidaria que define de manera terrible los muertos y que se aplica a propios y a extraños, al decir acerca de alguien que ha dejado de existir que había adquirido "ese aire de cachivache que tienen los difuntos". Eso es exactamente lo primero que me vino a la mente al ver los retratos funerarios de Susan Sontag. Toda la gloria de su intelecto aparece derrotada por la impostergable. Es un homenaje impensado a aquellos fotógrafos del siglo XIX que se ganaban la vida trabajando imágenes mortuorias. Hay también un sentido homenaje a Richard Avedon, de quien hizo un retrato menos que satisfactorio, tal vez intimidada ante la presencia del gran retratista. Sobresalen tres piezas maestras: el retrato funerario, esta vez a priori, del escritor William Burroughs; un magnífico retablo clásico del pintor Julian Schnabel; y un extraordinario retrato a color del actor Daniel Day Lewis, poseído por el fantasma de Abraham Lincoln. Hay también en esta exposición una curiosa serie de paisajes ampliados al tamaño de las paredes de la galería, los cuales la artista ha tratado de explicar como imposiciones de trabajo y que muy a pesar de no ser ejemplos perfectos del paisaje -casi nada lo es después de Ansel Adams- hay que admirarlos con un cierto aire de incredulidad. Existe un trecho muy largo entre la intimidad del retrato y las áridas vistas tomadas mientras se cubren las distancias desde el vientre de un helicóptero. En cuanto a los retratos de la reina Isabel de Inglaterra, Leibovitz produjo una serie magistral de retratos en los cuales la soberana parece flotar en armiño y piedras preciosas, rodeada de la pompa extrema de quien heredó un imperio, pero a estas alturas ya esas escenas tienen un aire anacrónico y sobrecargado. En materia de retratos de su alteza real pienso que me quedo con aquellos de inigualable elegancia y mesura que produjo el gran Cecil Beaton hace ya medio siglo. National Portrait Gallery, Londres. Hasta Febrero 1 de 2009

Tuesday, 25 November 2008

Tuesday, 18 November 2008

Francis Bacon, Tate Britain, Londres





































Estudio para retrato del Papa Inocencio X 1953 (After Velázquez)


Es fácil adjudicar a Francis Bacon varias etiquetas. Estas hablan en su mayoría del horror, de la violencia que conduce al espasmo en la evisceración de seres inconclusos pero intuidos. Hay mucho de asalto visual en sus cuadros, de emboscada naranja, carmesí y verde intenso en su pintura, que nos compele en primera instancia a rechazarlas. Pero, más poderoso que el rechazo hay de por medio un descubrimiento de lo insondable a simple vista, que hace imposible no mirarlas. Hay que mirar a Bacon para poder sentir el poderío implacable de su puñal resplandeciente de colores. Hay que acercarse temerosamente a su hoguera, a riesgo y con el propósito esencial de sentir el fuego. Porque lo que hay en Bacon es el color y más que el color el sentimiento de percibir los tintes del misterio. Los cuadros que chorrean blancos como húmeros gelatinosos; los verdes que convierten a un perro común en un espanto; los grises que hablan del silencio en los más que silenciosos espacios de la tristeza y la soledad contemporánea.
Es muy fácil decir que Bacon es un artista maldito. Mucho más difícil es pensar que es un ángel dedicado a reivindicar el martirio de los inocentes.
Manteniendo los necesarios límites y guardadas las evidentes proporciones, pienso que hay mucho en su pintura que nos remite a aquellos minúsculos grabados de Goya -Los Desastres de la Guerra- denuncia irrefutable de la inhumanidad del ser humano y aquella conducta proclive al desmembramiento y la mutilación de sus congéneres, como herramienta de ejercicio del poder. De igual forma encuentro una relación no muy tenue entre ambos y el trabajo artístico del fotógrafo americano Joel-Peter Witkin, quien ha logrado instaurar su arte a partir de una asombrosa visión apocalíptica del hombre contemporáneo.
Bacon sobrepasa todas las denominaciones que se le puedan endilgar. No es abstracto, ni surrealista, ni naturalista. Ni mucho menos impresionista: es simplemente impresionante. Es quizá el pintor que más desafía el concepto recóndito de la alucinación; de los sueños prohibidos que nacen en el sótano de los sentidos y sobreviven a los grandes incendios de la realidad.
Esa misma realidad que nos lleva a abrir bien los ojos porque lo que tenemos frente a nuestra vapuleada pupila es ni más ni menos que la apoteosis de la pintura. En el Siglo XXI y muchos por venir.


La exhibición retrospectiva de la pintura de Francis Bacon, en la Galería Tate Britain, estará abierta hasta el 4 de enero de 2009



















Francis Bacon, retratado por Richard Avedon, Paris 1979

Sunday, 9 November 2008

The women in my life






























If there is a single anything I owe photography it must be its capacity to make me turn back the clock and revisit some of the memories that would be otherwise lost forever. My mother, gone from this world a year ago this November, lives unchanged in this portrait taken with her granddaughter who is already 27 years of age, but who like her grandma will never grow old and will always look an angelical eight year old as she was, when this portrait was taken.
This is my mother and my older daughter, Sahara, during the summer of 1989.

Ecuador Summer of 2000
























































































































































There is a mask which acts as an omnipresent façade that will always stand between any photographic transaction we may conduct when dealing with our sitters, while travelling through the highlands of Ecuador and photographing some of its many characters in towns, plazas and market places.
It is a long process, which we might start by calling it Picturesque, for lack of a more adept name; since that is, in essence, the defining factor of most portraits taken when going abroad. In trying to avoid the picturesque I begin by wiping off the smiles from the faces in my subjects.
The faces are their only masks. And they conceal nothing. I feel they hide nothing because they do not have to pretend to show other than what they are, hence the ever-present sad countenance in many of my subjects portrayed here.
Nothing can be gained by hiding what they are. The only true face is the stoic sculpture chiselled out on their skin. These faces say nothing and expect nothing, save a few worn-out coins and sometimes nothing.

It started in the summer of 2000 in Quito, followed by stops in Baños, Riobamba and ended in Cuenca, in the Southern part of that beautiful country.
These are faces we have to discover by ourselves. Not only their physical make-up, there is a lot to answer to their silence since we are the visitors, we live abroad, we have a lot more in our pockets. We have to make head or tails of their presence in front of the camera and start by trying a lot harder to understand, first the defiant stance that make some of them challenge our complacency and then our own role on this equation of North vs South.
The portrait photographer who travels to Ecuador to trap the picturesque would do a lot better by staying home reading travel catalogues. For if one is to go to a place such as this Andean region, one had better be ready to encounter challenges not found in the glossy pages of any magazine and accept that we are mere intruders.
The camera sometimes sees what we want to see ourselves. It is better to let it be independent of our prejudices and desires for that way a natural order of things will come into being a lot easier.

Early Evening Walk