Saturday, 6 January 2007

El canto de las columnas





































El hombre camina y se adentra en las fauces de esta ballena hecha de piedra y mármol. Avanza a lo largo del pasadizo sin saber que pronto será devorado por la bestia colosal cuyos colmillos ansiosos permanecen a la espera. Todo esto ocurrió el invierno pasado mientras visitábamos el Museo de arte Moderno en París.
La frágil figura del hombre en cuestión parece insignificante, comparada con las proporciones de las columnas, cuya altura y magnitud dan a la figura humana la verdadera medida de la que estamos hechos: pequeños seres capaces de crear y ser devorados por lo que creamos.

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