Thursday, 30 December 2010

Susan Sontag In Memoriam







































On December 28th, 2004, the world lost one of its most lucid interpreters of photography and life. Susan Sontag was a novelist, essayist and critic of the highest caliber.
This image was taken during her visit to Vassar College, Poughkeepsie, NY, in May 2003, where she was the guest speaker at the commencement address for the graduating ceremonies of that year.

Photograph © Lalo Borja, 2003

Thursday, 23 December 2010

Sandy Sandy


















We know the end of the year lends itself to reminisce and sometimes to allow a hint of sadness to come knocking at our doors. That is why many will end this year in our little town on the Southeast Coast of England by remembering, and by having a quiet thought about our Sandy Back, a good friend, a fun human being that was taken from us as we approached the end of 2010.
Many in the town of Whitstable will have plenty to say about Sandy. I can only say I will cherish my memories of her good humor and some unforgettable anecdotes shared among us and other dear friends in this neck of the woods.
Descansa en paz.

Sunday, 5 December 2010

Sahara Marina Borja al cello


















Mi hija mayor en su infancia musical ensayando en la sala del viejo apartamento de la Calle Fulton en San Francisco, escenario de tantos e inolvidables conciertos y conferencias hasta altas horas de la madrugada, cuando el mundo era aún ancho y ajeno.

Efraín y María















Los domingos grises se prestan oficiosos y diligentes a la nostalgia, a juzgar por los sentimientos que despierta esta imagen tomada hace más de treinta años por Pedro Rey, en Cali. En ella aparece Efraín Santacruz, mi más cercano confidente en la época del primer descalabro romántico de mis veinte años. Su pequeña guarida era refugio diario a mis pesares y allí aprendí a amar a los Stones y con Efra, ejerciendo de terapeuta de cabeza y de cabecera, pude sobreaguar mi primera gran tormenta emocional.
Efraín ya no vive más en este mundo, pero en aquellos tiempos de mi salida hacia el Canadá, mi exilio de los recuerdos dolorosos, se dedicó a hacer teatro para encauzar su energía creativa y consolidar su profesión bohemia. También aparece María, cuyo apellido se me escapa, ambos jóvenes, idealistas y bellos en las calendas de mitad de los setentas.

Guillermo y Tomás Correa


















A veces la nostalgia me llega por entregas trimestrales y este mensaje escrito en los cuadernos del recuerdo no podría ser la excepción. Memo Correa, mi más viejo amigo, accede a posar con su hijo Tomás cuando éste andaba en sus dieciocho años y no había tomado el rumbo de la música. Memo, viejo zorro, arquitecto en esa Cali congestionada y caótica de nuestros mil novecientos noventas, aparece con su apacible semblante de Buda bajo el toque protector de la mano de su hijo, mientras funge de fotógrafo en la otrora casa materna del barrio San Fernando.
Quince o dieciseís años separan esta imagen de este dialogo a solas hoy domingo en Inglaterra.

Wednesday, 24 November 2010

My Mother Marina

















I must say in all honesty that I would not be who I am, what I have been and might yet become, were it not for the tenacious capacity of my mother to look for that extra door that opens beyond the horizon; because of her vision, because of her undying faith in love, because she never ceased believing in the good inherent in humankind.
Here's this shot taken in the summer of 1992 in San Francisco, at the old house in Kansas Street, bringing it all back to my mind on this 25th of November, the third anniversary of her departure to that greener pasture in the afterglow of life.
Bless her memory, bless her heart.

Friday, 5 November 2010

Reflexiones sobre un auto-retrato en Noviembre del año 2010





















"Having no confidence in my virtues, I proposed to make every defect of mine count"
                                                                                           Edward Dahlberg, "Confessions"


Esta es mi noche,
mi verde vegetal en el que estoy
perdido, siguiendo con la vista
el paso tenue de la hormiga
o el torpe vuelo del tosco moscardón
que a nada inspira.

Este soy yo, o me parezco,
yaciendo inerme, hoja de mi propio árbol caída,
en este oscuro espasmo,
abrazado a mi miedo;
el único navío que poseo.


© Cali, Colombia 1995

Tuesday, 2 November 2010

Enrique Buenaventura, Hernando Tejada


















Esta imagen me transporta al año que pienso debe haber sido 1996. En ella aparecen dos de los más destacados artistas colombianos de la segunda mitad del siglo veinte: Enrique Buenaventura, dramaturgo, director de teatro, poeta; y Hernando Tejada, genial pintor que hizo de Cali su hogar durante muchos años, donde se le recuerda y se le recordará por siempre debido a su contribución a la vida artística de la ciudad.

Monday, 1 November 2010

La Fotografía de Don McCullin













Retrato de Don McCullin por Wattie Cheung

“He sido manipulado y a su vez he manipulado a otros al registrar sus reacciones al sufrimiento y la miseria. Así que hay culpa en ambas direcciones: culpa porque yo no practico ninguna religión, culpa porque yo pude salir con vida, mientras que un ser humano moría de inanición o asesinado por otro que blandía un arma de fuego.
Y estoy cansado de sentirme culpable, de decirme a mí mismo: Yo no he matado a aquel hombre en aquella fotografía, yo no dejé morir a aquel niño de hambre.
Es por eso que quiero fotografiar paisajes y flores. Me estoy auto-sentenciando a la paz” .
Don McCullin


En el panorama artístico del siglo xx existen contados ejemplos de fotógrafos que han logrado desplazarse de un lado a otro del espectro; moverse con el etéreo don de la ubicuidad entre la dura realidad del foto-periodismo, el pragmatismo de la publicidad y las exigencias de las bellas artes.
Basta examinar así sea someramente la obra excepcional del fotógrafo británico Don McCullin (Londres, 1935) para comprender su talento que le ha permitido ser lo uno y lo otro.
Su profesión le ha llevado a ser testigo de brutales sucesos cometidos por seres humanos sobre otros seres indefensos, ya sea en aras de políticas de estado o a partir de dogmas religiosos: la guerra, la opresión o la hambruna impuesta por fuerza del fusil.
Es necesario mirar su trabajo periodístico en Viet Nam, Biafra, Camboya, El Congo, Chipre, Bangladesh y Londonderry; o el Beirut fratricida de mediados de los años setentas, para apreciar la vocación humanista de este hombre.
Sus fotografías nos dejan entrever una denuncia contra las calamidades de la guerra. Nos incitan a cuestionar la destrucción y la barbarie en un siglo cuyo destino parece haber sido un constante inventario de horrores.
Más allá del fotógrafo de guerra lo que tenemos a la vista es al artista en función de testigo de atrocidades narradas visualmente para que el mundo tome nota.
Muchos cronistas de la era lo comparan con aquellos quienes representan lo más granado de entre los fotógrafos de guerra: los nombres de Robert Capa, Larry Burrows, W. Eugene Smith, saltan de inmediato a la memoria.
Es posible especular que el origen artístico de McCullin se remonta a mediados del siglo xix con el ejemplo, seguido casi al pie de la letra, de la carrera artística de Roger Fenton.
Fenton, fotógrafo inglés, comisionado por la reina Victoria viaja hasta los confines del imperio para fotografiar la Guerra de Crimea en 1855.
De regreso a Londres, con 350 placas de negativos monta varias exhibiciones no exentas de un aire de propaganda de estado. Los últimos años de su vida los divide entre dos disciplinas no necesariamente afines: el paisajismo y el retrato.
Su muerte temprana en 1859 lo habrá de consagrar como pionero de la fotografía de guerra. Sus naturalezas muertas, sus vistas de la campiña inglesa y sus retratos imperiales habrán de inmortalizar su fino olfato de artista.
Don McCullin empezó su carrera en Londres a principios de los años sesentas. Sus retratos de vagabundos a la deriva, alcoholizados sin sostén, dan los primeros indicios de una carrera que habría de dar frutos en su catálogo de horrores de la guerra.
Sus sujetos absortos en la contemplación de la muerte o a espera de ella nos hacen lectores en la enciclopedia de un siglo sin paralelos en la historia de la humanidad.
Y, sin embargo, de aquellas jornadas de pesadilla sale triunfante el artista que ha dedicado estos últimos veinte años a contemplar el lento andar de la historia desde otra perspectiva mucho más edificante: el paisajismo.
Empezando en la década de los noventa nos asombra con sus paisajes grises de campos sombríos, de nubes que cuelgan sobre un trasfondo de tramoya, de cielos profundos en un reflejo de agua en los alrededores de su residencia, en Glastonbury, Inglaterra. En ellos vemos el ojo del artista extasiado en el riguroso examen de la naturaleza que le rodea.
McCullin acaba de publicar un libro de paisajes donde nos muestra lo que queda del Imperio Romano después de dos mil años de historia.
Este trabajo es poco menos que un triunfo de su arte, visto como alabanza, en la consagración de la historia y la arquitectura imperecedera de la cultura romana.
Southern Frontiers (Un Viaje a Través del Imperio Romano) se llama el libro y es un tour de force que lleva al lector a través de El Levante, comenzando en las ruinas de Baalbeck en el Líbano, siguiendo el recorrido hacia Palmira, en Siria y Jerash, en Jordania.
La segunda parte, El Magreb, cubre un largo territorio que comprende los países costaneros del Norte de África, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia.
El resultado del recorrido en mención encumbra a este artista, aún activo a sus 75 años, a un sitio de privilegio entre los grandes practicantes de la fotografía mundial.
Al contrario de Fenton, su émulo artístico, McCullin ha vivido lo suficiente para disfrutar de la paz que brindan la tranquilidad de sus paisajes y el respeto de un público que ve en él uno de los más insignes artistas británicos del último siglo.

Friday, 22 October 2010

La Calle, poema de Octavio Paz
















Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

Wednesday, 13 October 2010

Canterbury Arts Festival 2010


















This is one of the dozen images that will be on display in Whitstable, (funky seaside town, my home town), during most of the month of October. This event is part of the larger Canterbury Arts Festival, which covers the neighboring towns close to the seat of the Church of England.
I will see some friends at 5 Clare Road, the house where the show will take place and I will meet some new friends who will come to see what's in store.

Eadweard Muybridge





























Muchos capítulos en la vida de Eadweard Muybridge pueden leerse fácilmente como un guión de cine. Desde el cambio de nombre escrito con rimbombante altisonancia al arribar en California, pasando por un accidente que casi le cuesta la vida a finales de la década de 1850.
Hay, sin embargo, un hecho altamente dramático que le sitúa como actor principal de un crimen pasional con el cual quiso mitigar y castigar por las armas el adulterio de su joven esposa en San Francisco en 1874.
La crónica da cuenta del encuentro en que el fotógrafo, antes de ultimar de un disparo al amante de su esposa, un Mayor del ejército de nombre Harry Larkyns, le saluda cortésmente: “Buenas tardes, Mayor, mi nombre es Muybridge y esta es la respuesta a la carta que usted ha enviado a mi esposa…” al tiempo que abre fuego.
Uno de los planteamientos de la defensa a su favor arguye que los severos golpes recibidos en la cabeza varios años antes, en el volcamiento de una diligencia en la que viajaba, le habían robado parte de su sentido común.
Muybridge fue juzgado bajo la acusación de asesinato pero fue dejado en libertad ante la exitosa ponencia de “homicidio justificable” presentada por su abogado.
Para la época del crimen Muybridge estaba concentrado en su más conocida obra científica: el estudio fotográfico de la locomoción del caballo.
El experimento requería el alineamiento de decenas de cámaras, activadas por acción de hilos dispuestos a lo largo del recorrido de un caballo al galope y que, al romperse, obturaban el mecanismo del disparador.
De esta forma se logró registrar paso a paso el movimiento del animal en pleno vuelo, algo que hasta entonces había eludido el escrutinio del ojo humano.
El resultado final trajo consigo un cambio en la representación pictórica del equino a partir de entonces y contradice muchas pinturas conocidas hasta la fecha del experimento. Con ello se demostró de manera fehaciente que las cuatro patas del animal durante ciertos momentos de su carrera permanecen en el aire sin tocar tierra.
Es por este estudio en particular que se le reconoce como uno de los grandes pioneros de la fotografía, a pesar de haber producido muchos otros estudios igualmente exhaustivos.
Sus experimentos de locomoción animal y humana fueron subvencionados por Leland Stanford, ex-gobernador de California, millonario y filántropo, magnate fundador de la Universidad que lleva su nombre en la pequeña localidad de Palo Alto, en el Norte de California.
Fue Stanford quien corrió con los gastos de la defensa del cargo de asesinato en la muerte de Larkyns. Y fue su afición a los caballos de pura raza que le llevaron a contratar a Muybridge para que descorriera de una vez por todas el velo sobre la manera de como caminan, trotan y galopan estos animales.
Se puede deducir, incluso, que su obra combinada entre estudios científicos y su talento para la invención de cámaras, lentes y elementos fotográficos, presupone la invención del cinematógrafo.
Edward James Muggeridge es el nombre de pila de este original hombre, fotógrafo y visionario, negociante y aventurero que llegó por primera vez al área de la Bahía de San Francisco en 1855.
Antes de dedicarse a los estudios de la locomoción animal había establecido su nombre como fotógrafo paisajista en un medio en el que ya habían hecho carrera artistas del calibre de Carleton Watkins, William Henry Jackson y Timothy O’Sullivan, entre otros.
Sus panorámicas del Valle de Yosemite eran de antemano prestigiosas y sus imágenes eran apetecidas por un público cada vez más ávido de las vistas fabulosas que ofrecen las montañas, rios, valles y desiertos del Oeste Norteamericano.
En California ya había fotografiado la Costa Pacífica por encargo del gobierno estatal y había sido acompañante oficial de la expedición que viajó a Alaska cuando este territorio fue adquirido de Rusia en 1867.
Posteriormente se convirtió en especialista en fotografía industrial, hecho que le ofrece una posición de avanzada en sus tratos con el millonario Stanford cuando éste decide contratarlo para demostrar fotográficamente la mecánica del caballo al galope.
Aparte del anecdotario histórico es importante resaltar que la influencia de Muybridge se ha extendido a otros ámbitos. Es bien sabido que el pintor Francis Bacon se valió en ocasión de sus estudios de locomoción humana, como base de algunas de sus contorsionadas y atormentadas figuras presentes en varios de sus cuadros.
De igual manera, el fisiólogo francés Etienne Jules Maray se sirvió de los experimentos iniciales de Muybridge para inventar, en 1883, una cámara de un solo lente, provista de un mecanismo capaz de captar largas series de imágenes sobre un negativo, con las cuales le era posible examinar aspectos fundamentales de la locomoción humana.


La Galería Tate Britain, tiene abierta al público una extensa retrospectiva del genial artista, la cual se podrá ver hasta enero de 2011, en Londres.


http://www.tate.org.uk/britain/exhibitions/eadweardmuybridge/default.shtm

Saturday, 25 September 2010

Otro septiembre sin Alberto Borja














La vida se compone de minúsculos eventos que añadidos uno a otro por el paso del tiempo, matizados por las tragedias que nos llegan, idealizados por los recuerdos que quedan a la vera del camino, van conformando una larga estela de imágenes que son ahora tan solo sueños, pero que en su momento fueron hechos reales dictados por la luz.
Tomemos por ejemplo esta fotografía tomada en 1976 de mi hermano Alberto Borja, cuando andaba por sus 25 años. Acababa de llegar de Nueva York, donde había estado viviendo desde hacía casi un año, y ha viajado hasta Toronto para una corta visita. Los diálogos se los llevó el viento apenas fueron dichos, pero él, lo que era aquella tarde, permanece en esta fotografía altivo como una estatua.
Imagino que habremos discutido y rememorado sobre tantas cosas como siempre lo hicimos: de amigos, de mujeres, de libros; que tal vez nos emborrachamos a punta de cerveza y que hemos fumado dios sabe cuántos tabacos verdes, sentados en la arena de la pequeña playa frente a mi casa que daba sobre el Lago Ontario y desde donde pienso pudimos haber admirado la ciudad al caer la noche y, ya entrada en la oscuridad, nos hemos quedado lelos frente a la imponente urbe resplandeciente de luces de mercurio.
En la tarde, antes de que el sol huyera tras los árboles, he sacado mi cámara para fotografiarlo posando de bacán muy a lo Paul Newman, sobre su bicicleta como en Butch Cassidy and the Sundance Kid, y la vida era tan solo un respiro continuo frente al mundo y éramos apenas unos niños grandes salidos del hogar materno jugando a ser mayores, ganando para el pan y la cerveza y los cigarros, en trabajos que iban y venían como las olas de aquella pequeña playa aquella tarde.
Hoy ya soy un tipo entrado en mis sesentas, la vida se me vino encima en un abrir y cerrar de ojos; la memorias han quedado catalogadas en un caótico espectáculo de cajas amontonadas por doquier, repletas de negativos y de pedazos de escritos en papeles de índole diversa.
Y hoy, precisamente hoy, veintiséis de septiembre del año dos mil diez, mi hermano menor viene de nuevo a la memoria en esta imagen, tomada a principios de un otoño hace ya tanto tiempo olvidado y me obliga a recordarlo en el aniversario de su muerte hace ya trece años, en la inevitable y dolorosa fecha que habré de acarrear en mi pecho hasta el final del tiempo.

Thursday, 9 September 2010

Friday, 3 September 2010

El paso inexorable, etcétera





































Decir que el tiempo pasa inexorable es una bobería tan grande como decir que la noche sigue al día o que el agua corre bajo el puente. Es, sin embargo, edificante y aterrador ver de manera palpable cómo tantas noches y tantos días han cambiado la expresión, el rostro, la tersura de la piel, el color del pelo, la expresión del muchacho de 25 años, porque sí, era apenas un muchacho la primera vez que se enfrentó a la cámara. Corrían los años fugaces de principios de los setentas y aún vendrían muchas aventuras y demasiadas locuras por cometer, mucha tela de donde cortar, muchas experiencias qué vivir antes que el rostro se convirtiera en el rostro del abuelo que había ya muerto en 1964.
Es iluminante, por decir lo menos, enfrentarse a esos fantasmas de antaño, ahora que el otoño de este año entra en vigor como lo ha venido haciendo desde el arribo a los cincuenta, esa marca que parece dividir lo nuestro, ahora, con lo aquello que alguna vez debió pertenecernos.
Han pasado once años desde que llegué al quinto piso, como dicen de manera cordial y medio pendeja, los hombres cincuentones en mi pueblo; como si se tratara de endilgar al hecho perecedero un aire de conversación amena y no lo que verdaderamente representa.
De todas formas, heme aquí, vestido tal como era y como soy y como no lo seré por mucho tiempo.

Sunday, 22 August 2010

Adonis Tropicalis



































Manuel, Lolo para sus amigos, es el personaje que mejor identifica el espíritu de verano en Cádiz. Su presencia es una constante en la vida de la maravillosa playa gaditana. Los regulares de esta playa se identifican de inmediato entre sí, se saben practicantes de la misma religión: la adoración del sol.
Lolo, puede decirse, es el sumo sacerdote. Su dedicación a la playa, al sol, a la candente arena, es permanente y sin ambages. La playa es su vicio supremo, su dosis diaria de lo que sea que le entra por los poros.

Dama misteriosa















Esta dama misteriosa de sombrero de ancha ala fue objeto de mi cacería por varias partes de la playa de Cádiz. Su figura enigmática, siempre a solas recorriendo una y otra vez la larga arena, se me hizo un proyecto a realizar. La capturé varias veces y esta es una de mis favoritas.

Pepe el gitano


















Decir que Pepe es un hombre de óptimos modales no alcanza para hacer justicia total sobre este caballero que en las tardes, dejando las riendas del chiringuito que vende cerveza y coca cola en manos de sus familiares, sale a buscar pulpos entre las rocas.

Hombre en la sombra


















Vi a este hombre mañana y tarde durante varios días camino a, y de regreso de, la playa. Siempre sentado en su silla con la puerta de par en par frente a una calle de barrio. Finalmente una mañana no pude resistir la tentación de pedirle que me dejara tomar su retrato en la misma situación en que pasaba a la sombra los lentos días del verano andaluz.
Muy amable me respondió que sí, que venga vamos...

Isaac


















Muchos llegan desde el África Occidental en botes hechos a mano en el patio del vecino. Cientos de ellos nunca arriban con vida a las playas del sur de España. Isaac llegó hace tres años y ahora se gana la vida vendiendo bolsos y pulseras entre los bañistas que pueblan las playas en Cádiz. Es un hombre gentil de hablar pausado que esconde la tristeza de su vida presente tras una amplia sonrisa.

Los dos Lolos

Home away from home

La bajamar

Álbum de familia


















No pude sustraerme al deseo de fotografiar a Ángel. Su dorso y su pecho son dos páginas de un mismo álbum familiar. Se mostró solícito a mi petición de que me dejara fotografiarlo mientras jugaba con su hijo en la playa.

La terraza


















Desde hace ya cuatro años hemos hecho la peregrinación anual a la ciudad de Cádiz. Una vez más nos hemos plantado frente a la cámara en la terraza del apartamento que sirve de base a nuestras visitas y desde allí hemos podido admirar una vez más la belleza de esta ciudad y el cristalino aire con su luz extraordinaria.
Cádiz es siempre una memoria cálida y cercana al corazón. Es su historia, sus callejuelas, sus rincones antiguos y el espíritu humano vivido a través de sus gentes generosas.

Monday, 5 July 2010

Riobamba boys ten years ago






































Se dice que uno fotografía lo que encuentra. Pienso que uno fotografía lo que anda buscando. Echando una mirada retrospectiva a esta imagen tomada en el verano del 2000 en la sierra ecuatoriana, he descubierto que estos dos muchachos tienen mucho de lo que el fotógrafo pudo haber tenido cuando joven. Hay un sentido de identidad, llámese físico, sicológico y, me aventuro a proponer, de temperamento. La timidez tan evidente, casi dolorosa de estos dos rostros, me remontan a aquellos años de mi propia y dolorosa timidez adolescente.
Juzgo aquí mi propensión a retratar gentes desconocidas halladas en mis andares. ¿Pero, son tan desconocidos estos rostros? Hay algo en ellos que me descubren mi propio rostro ya perdido para siempre en los laberintos del tiempo.
Creo para mis adentros, haciendo uso de una cita antigua de Cortázar, y tal vez abusando un poco de la misma, que "citar es citarse"
¿De qué otra forma podemos explicar ciertas imágenes halladas por casualidad, pero con un gran peso de misterio anterior? Cada imagen nos habla un lenguaje separado de nuestra propia realidad pero, aun así, coherente en el intento de revelar su íntimo enigma.

We Will Always Have San Francisco


En el principio fueron ellos...


































Mis padres alrededor de 1949, mi hermano mayor andaría por los dos años y yo apenas debutaba en este mundo.

Una muerte lenta de antigua catedral...

Una cierta urgencia en el andar...