Saturday, 6 December 2008

A Photographer's Life


















La fotógrafa y su hija mayor, Sarah, en Mayo de 2003-
Poughkeepsie, Estado de Nueva York. Foto: Lalo Borja ©


"La Vida de una Fotógrafa" es título con el cual la reconocida artista americana presenta una extensa retrospectiva en Londres, en la National Portrait Gallery, ese templo del retrato. Como era de esperarse la muestra contiene un gran surtido de celebridades: aquellas que lo son por derecho propio al haber demostrado inigualables dotes histriónicas en la política o el cine; y otros, célebres por ser artistas, cantantes y modelos rutilantes. O atletas que han terminado siendo declarados por los medios como celebridades bona fide.
La fotógrafa ha transitado la farándula, aquella que se mueve en las entretelas de la estratosfera hollywoodense, durante muchos años, y ha terminado, finalmente, siendo declarada ella misma una celebridad. Muchos dirán que por asociación. Yo quisiera pensar que por derecho propio gracias a su trabajo artístico.
Lo más interesante, a más de paradójico, en esta exhibición nos muestra a la artista dispuesta a abrir ante el espectador una ventana a su vida privada, a sus pesares y sus alegrías. Mezclados en medio de algunos espectaculares retratos por entre las salas que conforman la galería, han sido colgadas pequeñas fotografías en blanco y negro que contienen los códigos de su intimidad.
Así, somos partícipes del nacimiento de sus tres hijas, de las bodas de oro de sus padres y de numerosas escenas que sólo se ven en los álbumes de familia. Hay decenas de retratos de sus hermanas, su hermano, sus sobrinos, sus cuñados y, en especial, de sus padres a medida que envejecen. De esta forma hemos visto morir a su padre y a su compañera de muchos años, la escritora Susan Sontag.
Llama la atención el empeño con que se nos han querido mostrar estos hechos. Es una demostración de inmenso coraje; en efecto, se trata de una catarsis llevada a cabo en público que seamos llamados a ser testigos a la fuerza para evidenciar los estragos que el cáncer y la edad hicieron sobre dos de sus seres queridos.
En algún cuento de Borges hay una frase lapidaria que define de manera terrible los muertos y que se aplica a propios y a extraños, al decir acerca de alguien que ha dejado de existir que había adquirido "ese aire de cachivache que tienen los difuntos". Eso es exactamente lo primero que me vino a la mente al ver los retratos funerarios de Susan Sontag. Toda la gloria de su intelecto aparece derrotada por la impostergable. Es un homenaje impensado a aquellos fotógrafos del siglo XIX que se ganaban la vida trabajando imágenes mortuorias.
Hay también un sentido homenaje a Richard Avedon, de quien hizo un retrato menos que satisfactorio, tal vez intimidada ante la presencia del gran retratista. Sobresalen tres piezas maestras: el retrato funerario, esta vez a priori, del escritor William Burroughs; un magnífico retablo clásico del pintor Julian Schnabel; y un extraordinario retrato a color del actor Daniel Day Lewis, poseído por el fantasma de Abraham Lincoln.
Hay también en esta exposición una curiosa serie de paisajes ampliados al tamaño de las paredes de la galería, los cuales la artista ha tratado de explicar como imposiciones de trabajo y que muy a pesar de no ser ejemplos perfectos del paisaje -casi nada lo es después de Ansel Adams- hay que admirarlos con un cierto aire de incredulidad. Existe un trecho muy largo entre la intimidad del retrato y las áridas vistas tomadas mientras se cubren las distancias desde el vientre de un helicóptero.
En cuanto a los retratos de la reina Isabel de Inglaterra, Leibovitz produjo una serie magistral de retratos en los cuales la soberana parece flotar en armiño y piedras preciosas, rodeada de la pompa extrema de quien heredó un imperio, pero a estas alturas ya esas escenas tienen un aire anacrónico y sobrecargado. En materia de retratos de su alteza real pienso que me quedo con aquellos de inigualable elegancia y mesura que produjo el gran Cecil Beaton hace ya medio siglo.


National Portrait Gallery, Londres. Hasta Febrero 1 de 2009

1 comment:

odei said...

Interesante análisis.
Ojalá hubiera podido ver la exposición en mi última visita a Londres.
Por lo pronto me conformo con el libro, que resulta tan íntimo que a veces te crea la ilusión de estar entrometiéndote en un diario ajeno.