Wednesday, 2 May 2007

Victoria Eugenia Ariza



Cuando nos conocimos ambos éramos dos nenes recién salidos de la cuna familiar.
Juntos nos lanzamos a descubir los caminos que condujeron al primer amor y ambos, por sendas diferentes, hemos sentido posteriormente la desilusión y el dolor. Ahora, muchos años después de habernos conocido y de no vernos por largas épocas, nuestras cartas, que alguna vez escribimos con el alma desnuda, reposan en cajillas epistolares para siempre guardadas en el silencio del recuerdo. Éstas han sido reemplazadas por la nota escueta del correo electrónico y la esquela sin tildes de casi todo aquello que se escribe desde el exterior.

Foto:Toronto, Canadá, 1976

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