Sunday, 13 May 2007

El muelle en la isla, Toronto 1974


Vivir en una isla tiene sus encantos. Uno de ellos el rígido horario de los botes que habrán de llevarnos al continente. Sucede que cuando hemos llegado tarde y vemos que el ferry se aleja, dejando su estela espumosa sobre la superficie del agua, no queda más alternativa que esperar otra media hora la llegada del próximo. Eso, y sacar la cámara del bolso y abrir los ojos para ver todo aquello que no vemos, pero que tantas veces hemos mirado, sin haber siquiera prestado atención. Para muestra un botón.

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