Sunday, 14 December 2014

Fernell Franco, Fotógrafo


                                           Fernell Franco, Cali 1997           ©Lalo Borja

Hace más de cuarenta años un grupo de jóvenes quedamos mudos frente a una serie de imágenes que Fernell Franco mostraba al público en una casona colonial del centro de Cali, llamada Ciudad Solar. Asistíamos a su primera exhibición fotográfica, la primera en lo que sería una larga y distinguida carrera artística.
Sobra añadir que quienes presenciábamos la ópera prima del gran fotógrafo colombiano andábamos a medio alucinar mirando sin poder comprender el alcance de lo que teníamos enfrente: una serie magistral de retratos de prostitutas a manera de retablos, de dípticos monocromáticos de indefinible tristeza.
Para quienes crecimos viendo prostitutas en los barrios del centro, vouyeristas a toda prisa, mientras íbamos y veníamos de la escuela en aquella época, éstas representaron la cara osada de algo que nuestros padres siempre nos advirtieron de evitar: las mujeres de la vida, las putas; seres intocables y que ahora el fotógrafo ponía en el pedestal de plata de la imagen para que las examináramos sin pudor o admiráramos secretamente.
No eran estos rostros los monstruos de la sífilis que teníamos a la vista, eran seres de carne y hueso que se dejaban fotografiar en el ambiente miserable de sus cuchitriles y se enfrentaban a la cámara, a nuestra mirada ávida, con una cierta ingenuidad que no dejaba de sorprender.
Las fotografías de esta serie (1972) son de una factura diferente a las ya famosas del fotógrafo norteamericano E.J. Bellocq, tomadas en Nueva Orleans a principios del siglo xx, pero están esencialmente emparentadas de origen. Las de Bellocq han sido mutiladas, en gran parte para enmascarar la vergüenza del pecado; las de Fernell miran de frente y se dejan fotografiar junto al artista con sincero desparpajo.
No es aventurero afirmar que la modernidad se establece en la fotografía colombiana de la mano de Fernell Franco. Nuestra historia artística fotográfica perteneció eminentemente al retratismo y a manifestaciones naturalistas que correspondían al coletazo de influencia con que había finalizado el siglo anterior.
Fernell Franco llega con una visión limpia y libre de prejuicios  académicos a declarar patrimonio fotográfico aquello que nuestra inhabilidad de abstracción nos mostraba tan sólo como un montón de ladrillos derrumbados.
Habíamos comenzado a ser atropellados por el paso avasallante de la supuesta modernidad urbanizadora que como una aplanadora gigantesca se yergue imponente en la segunda mitad del siglo xx.
Nuestras ciudades cambian apresuradas, la arquitectura colonial desaparece de los grandes centros urbanos y se producen las expansiones hacia la periferia, a tiempo que el narcotráfico se instaura paralelo a moldear otras facetas de una ya apaleada cultura.
Fernell Franco profundiza sobre lo cotidiano para demostrar esclarecido el significado de aquello que se nos escapaba de las manos: la realidad ignorada que él tuvo incalculable valor de preservar visualmente para la posteridad.
De su obra fotográfica, rica en aspectos localistas en su ciudad, Cali, sobresalen la serie “Galladas”, definición en el habla local de pandillas de jóvenes; las series “Bicicletas”, “Interiores” y “Billares”, son muestras que constituyen un sobrio ejemplo de interpretación histórica en una sociedad que abandona presurosa su presente para caer a ciegas en brazos de un futuro incierto.
“Galladas” es una exploración de ciertos aspectos de la vida de barrio en los años setentas, donde muchachos de clases populares aparecen en lo que semeja un eterno domingo en esquinas polvorientas. Posan ataviados con sus mejores prendas: los pantalones de bota acampanada, los zapatos de plataforma harto estrafalarios y la actitud en los rostros que dejan entrever la auto-suficiencia propia de la adolescencia y una timidez entre lánguida y dulce.
Son imágenes que pertenecen a un pasado olvidadizo en la memoria de una ciudad con una muy corta capacidad de mirada retroactiva.
Lo que ha causado gran impacto en Europa y Estados Unidos es indudablemente la serie llamada “Amarrados”, proyecto fotográfico realizado en los mercados locales de pueblos y ciudades que nos muestra la forma como los mercaderes amarran sus productos, sus cajas de mercancía, bien sea para guardarla en la noche o para transportarla con facilidad de un lugar a otro.
El leitmotif presente es un intrincado patrón en el uso de lazos entretejidos protegiendo la mercadería, proyectando la ilusión de ser cuerpos amarrados envueltos en túnicas mortuorias. Tiene todo ello un aire de cadáver insepulto, de cuerpo en reposo previo a la inhumación; nos hablan de una callada violencia en forma de símbolos de sumisión y dominio.
Son en su mayoría, como mucho en la obra de este gran artista, de una belleza lacónica; objetos fotografiados a la sombra de galpones o bodegas de almacenamiento. No hay asomo de alarde ni el llamado a sustituir lo que hay por lo que puede haber: son cajas, bultos amarrados con lazos y cordeles, punto. Son fotografías que sin embargo poseen una fuerza narrativa rayana en lo solemne.
Como todo lo que define el legado creativo de Fernell Franco éstas y muchas otras imágenes nos dejan perplejos porque son de una estética envidiable, por lo simple de su concepción y lo profundo de su ejecución.


Ver más de su trabajo aquí:  

1 comment:

camo said...

En realidad no es justo decir que fue un fotografo moderno, en realidad la fotografía "moderna" en colombia se atribuye a un fotografo llamado Luis Ramos, en teoria el cambio de antiguo a moderno se produce con la sensacion de las imagenes de habitar el mismo mundo que nosotros habitamos, si bien Luis Benito Ramos era ligeramente mayor que Meilton, su obra parece que tuviera cien años de diferencia cuando tiene menos de 30. Con Fernel es diferente porque hace que lo moderno ya se vea antiguo, quizá es el primer fotografo colombiano que se despide de la modernidad de nuestros antiguos para abrir la puerta del mundo en que vivimos, mas contemporáneo que muchos de sus contemporaneos.