Wednesday, 30 April 2014

Nosotros, indiecitos del país...


Estas palabras vienen ahora a la mente luego de encontrar entre papeles extraviados esta nota de rechazo a mi hermano Alberto, hace ya más de treinta años en París.

               
     INDIECITOS NOSOTROS

Nosotros, indiecitos del país
Salidos para ver las bellezas del mundo
Para admirar pirámides, palacios y
Obeliscos fabulosos en ciudades grandiosas y lejanas.

Y si por acaso los dioses nos fueran propicios
Acostarnos con alguna bella mujer blanca de interminables piernas
En Londres, Edinburgo, París, Toronto o Nueva York.

Nosotros, indiecitos educados a medias por un sistema
Que nos hizo leer y sumar a duras penas
Que aprendimos a querer a Borges, García Márquez y a Cortázar
Por nuestra propia cuenta y porque hablaban cosas bellas
Y nos hicieron sentir que en alguna parte del gran globo
Nuestra parda humanidad tendría sentido.

Y así nos movilizamos con nuestra carga de sueños en tecnicolor
Con nuestros bultos de afectos e ilusiones  amarrados como suéteres y bufandas
De lana en el costal gigantesco a las espaldas.

Nosotros, indiecitos del país
Respondiendo temerosos al pasar por escritorios y ventanillas
En aeropuertos, muelles de entrada y estaciones de tren
Donde hombres de ojos claros y cara de pocos amigos
Nos interrogan qué vamos a hacer a su país
Qué intenciones llevamos escondidas en el pecho.

Qué carajos queremos hacer allí si en nuestra tierra
Viven iguanas fabulosas y hembras de piel oscura
Y montañas de nieves derretidas
Y minas de oro aún por descubrirse
Y entonces, ¿por qué queremos entrar a su país?

Nosotros, indiecitos hijos de nuestros padres que se rompieron el lomo
Para que al menos pudiéramos terminar bachillerato.
Y alguna vez decidimos que queriamos recorrer las grandes avenidas y mirar
Mujeres de tez blanca y piernas largas con la ilusión no solo de ligar sino tal vez
De procrear porque dios es grande y quizá nuestros niños pudieran aspirar al
Menos a tener ojos verdes porque azules ya era esperar demasiado.

Nosotros, indiecitos con intenciones venidas a más
Veremos nuestro retrato en una página blanca sin adornos
Donde el prefecto de policía nos informa de la manera más cordial
Porqué es imposible quedarnos a vivir donde quisiéramos
Y que lo mejor sería regresar al barrio de donde quisimos escapar
Para seguir allí cargando nuestro fardo de vanas ilusiones.


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