Saturday, 20 June 2009

Paris a finales de mayo

Las ciudades son como cofres donde se guardan las joyas más preciadas. Ninguna ciudad contiene en su vientre más tesoros que París. Es una ciudad que por donde quiera que se la mire abre ante el viajero sus anaqueles de preciosas vistas y sorprendentes milagros. Poniendo en práctica aquel viejo concepto de Walter Benjamin, la función del flanêur, el voyeur sin prisa que sale a mirar la ciudad como si estuviera admirando vitrinas en pasajes comerciales, como si anduviera de compras, produce los más sorprendentes encuentros. El que camina en busca de minúsculos descubrimientos no tendrá que esperar demasiado. De distrito en distrito y de esquina a esquina se van descubriendo aquellos tesoros visuales que justifican el viaje y el cansancio de las largas caminatas.
Esta es una pequeña muestra que apenas alcanza a revelar unos cuantos de los cientos de cuadros que hallé durante cuatro días en la luminosa villa.





































































































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