Monday, 20 April 2009

The Americans cumple cincuenta años
















Robert Frank, San Francisco Democratic Convention 1984
©Lalo Borja


El libro de Robert Frank se sitúa específicamente en el viaje por tierra que el fotógrafo realizó entre 1955-57 con el soporte económico de una beca de la Fundación Guggenheim.
Lo que hace especial el libro de Frank es su enfoque no tradicional del tema. Es un trabajo ajeno por completo a los paisajes magníficos y a bucólicas escenas de tierna quietud familiar, tan en boga a través de los medios en un país que, recién salido de la Segunda Guerra, trata de resarcir su economía y establecer su hegemonía a partir del poderío económico y militar a nivel mundial.

Si bien es cierto hay un dejo del lenguaje de Walker Evans en apartes de su recorrido visual, Frank no adopta su preciosismo detallista y más bien se lanza a descubrir escenarios no descritos por el lente pictórico de Evans o el análisis forense evidente en el canon artístico de Edward Weston.

The Americans abre con un prólogo del escritor Jack Kerouac, en el cual describe realidades más coherentes con el espíritu de la nueva era: “Ese sentimiento de locura en América cuando el sol calienta en las calles y la música sale de las rocolas o proviene de un funeral cercano, es lo que Robert Frank ha capturado en tremendas fotografías…con agilidad,misterio, genio, tristeza…”

La lectura visual del libro se puede apreciar como una película estática donde cada imagen contiene las posibilidades de muchas otras narrativas implícitas a sus particularidades. Es un homenaje a la individualidad tan característica del ser americano, a su forma de vivir, basada en un convencimiento personal de que se ha nacido en una tierra de promisión.

El trabajo de Frank es crudo; a veces fuera de foco, a veces chueco en su desencuadre, a veces granulado por la exposición imperfecta de su objetivo; pero nunca formalista ni condescendiente frente a lo que observa y graba. Es una aproximación crítica, siempre en la búsqueda de aquello que esconde el misterio de una tierra que no es la suya. Ese es tal vez su mayor mérito.

La visión del artista nos conduce por senderos en los que el formalismo fotográfico ha sido reemplazado por un realismo poético-visual. Es allí donde su tremenda influencia creativa ha sido más que demostrada en estos últimos cincuenta años. The Americans no debe ser entendido como un documental fotográfico; es, en definitivas, un manifiesto artístico de magnitud.

El libro traza un derrotero paralelo al surgimiento de corrientes poéticas de la época, marcado de manera especial por el auge del movimiento Beat, cuyos grandes sacerdotes fueron Allen Ginsberg, Gregory Corso y el mismo Kerouac, dueños de una prosa desenfadada, carente del rigor formalista de escuelas precedentes, quienes rinden culto a la aventura artística como clímax de toda experimentación a costa, o a riesgo, de dotar el resultado final de sus esfuerzos con el brillo que siempre se esperó de toda obra de arte.

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