Sunday, 29 April 2007

Escalinata, Louvre


Es como si se estuviera en un templo, lleno de oficiantes, casi todos vestidos de guardias de seguridad. El volumen de las conversaciones de los parroquianos es a sotto voce, no vaya a ser que perturbemos la pesada calma de los mármoles.
Se respira en el ambiente un aire de antigüedad, con aromas de algo sacro, y la reverencia hacia todo aquello que lo habita llega espontánea.
Así que, de repente, al entrar en una galería como si flotaras de un mundo a otro, descubres destellos luminosos de la raza
humana que te dejan con la boca abierta.

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