Sunday, 8 May 2011

Pasado y presente





















































































Hace unos meses me llegaron, por intermedio de una amiga del pueblo, medio centenar de diapositivas de vidrio halladas en alguna venta de jardín cuya misteriosa trayectoria visual me ha llevado a visitar las cataratas del Niágara, los canales de Venecia, alguna que otra capital europea, calles, plazas y espacios generosos de valles y montañas; a más de amplias avenidas de aquellas que por lógica tendemos a asociar con ciertas ciudades de Estados Unidos.
Muchas de ellas han sido tinturadas, iluminadas por suave pincel, para brindarles tonos de colorido sutil, técnica muy en boga antes de la popularización de las emulsiones en color.
Las placas de vidrio, algunas carcomidas por la descomposición química en la emulsión fotográfica, tienen ese aire que hace imposible ubicarlas con exactitud; es decir, están imbuidas del misterioso espíritu de los sueños. Muchas de estas imágenes están corroídas por la intangible tenacidad que horada la vida de objetos y seres por igual.
Algunas de ellas se prestan a ser examinadas como si mirásemos una pared antigua pintada de colores por la caprichosa brocha del tiempo y que, al adentrarnos en la minucia del detalle, nos dejamos seducir por la idea de que otros seres humanos se han reflejado en ellas tal como nosotros lo hacemos este instante.
Mientras más las miro más quisiera saber de ellas; misión a todas luces imposible. Veo lo que hay, lo que la vista del fotógrafo me ofrece desde ultratumba, su visión aún abierta al escrutinio y lo que mi imaginación me permite elucubrar con respecto de la acritud de la plata y sus derivados fotográficos.
No puedo ir más allá del borde que contiene su esencia, aquello que su límite interior me permite admirar. El resto lo tiene que suplir el deseo de ver y percibir lo que mi mente quisiera recrear.
Las vistas en mención, aquellas que me ofrecen la posibilidad de entretenerme especulando, son simples imágenes hechas importantes por el paso del tiempo. Por ser testimonio de algo que pertenece para siempre al pasado pero que sabemos que alguna vez fue verdadero.

1 comment:

Ana de la Serna Martin said...

Q fotos tan maravillosas! Sobretodo las q tienen gente son las q mas cosas me cuentan.. A ti no te pasa igual?