Friday, 31 October 2014

Saturday, 25 October 2014

Otavalo, Ecuador, 1979

This is one of the few shots remaining of my first sojourn into Ecuador. My love for that beautiful country was instantaneous and it persists to this day. Its people are generous and friendly, its landscapes breathtaking. I think this must have been taken by my friend Wilson Ruiz, whom I was assisting in his filming of a documentary related to migration at the time.

Herne Bay, Kent


Roma Eterna


Thursday, 23 October 2014

Retrato de Miriam Gómez, Londres, Enero 2014

Ella, Doña Miriam Gómez, que es como debe aparecer su verdadero nombre, figura en muchas de las obras de su marido, Guillermo Cabrera Infante. Unas veces como protagonista en sus relatos, todas las veces como firme editora de sus páginas y, siempre como la Musa, el título honorífico otorgado a ella por  el gran escritor cubano en muchos de sus libros.

Sunday, 12 October 2014

Tuesday, 7 October 2014

Craig Riedel, San Francisco, California 1991-92

Sometimes rummaging through old boxes where many forgotten negatives sleep the long dream there comes out a mirage from old time. This is one of them, our good friend El Craigo, printed this morning for the first time after more than twenty years.
Many wonderful memories come to mind now of the years spent at Gamma Photo Lab in San Francisco. The hand with the fingers pulling his armpit's hair belongs to a short intense young girl by the name of Zoe, whose last name now escapes me.

Sunday, 5 October 2014

Fotografía Tradicional en la Era Digital











"Es realmente extraño, la fotografía nunca ha sido tan popular como ahora, pero está siendo destruida. Nunca antes se había visto tanta cantidad de fotografías tomadas, pero la fotografía está muriendo”
                Antonio Olmos, The Guardian, “The Death of Photography”

La anterior sentencia expresada por un conocido fotógrafo aparece en la primera linea de un largo artículo publicado hace una semanas por Stuart Jeffries, uno de los críticos de arte del diario inglés The Guardian. Habla en parte de la secuencia ya famosa (vamos, famosa por un día) del presidente Obama, la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt y el primer ministro Británico David Cameron, mientras se miraban sonrientes en el espejo refulgente del móvil de ella, en proceso de hacerse lo que se ha dado en llamar un “selfie”, aquel memento digital que en dos segundos tomará su posición en el firmamento de las redes sociales.

Vivimos sumidos en el reino de lo breve, lo efímero ha alcanzado su apogeo en el botoncito virtual que nos hace decir “like” aun a eventos, imágenes o noticias con las cuales no  tenemos la más mínima coincidencia en nuestras vidas o tan alejadas de nuestra realidad que muchos responden a veces por inercia.

Como van las cosas, la brevedad de lo deleznable se ha convertido en el espejo de la infinita realidad de un mundo que nos refleja instantáneo e insignificante.

En cuanto a la muerte de la fotografía, bueno, eso ya es harina de otro costal. Los semióticos tienen la palabra, al igual que los filósofos modernos y todo aquel que quiera meter la cucharada. Para eso están hechos los foros de opinión.

A partir de un sondeo no científico, mirando de soslayo algunos de los cambios que me han llamado la atención en años recientes me percato que se ha operado una especie de retorno a las fuentes.
Se ha dado lugar a un renacimiento de métodos y técnicas que nada tienen que ver con tecnologías de avanzada.
De hecho se ha producido un auge en la venta de cámaras de madera, cajón con fuelles de cuero y excelentes lentes para tomar fotografías en negativos de papel, vidrio o celuloide.
Cámaras que haciendo uso de técnicas modernas recrean sistemas considerados hasta hace poco obsoletos.
Así vemos una resurgencia en procesos arcáicos. Para dar tan solo un ejemplo, podemos visitar los ambrotipos (wet plate collodion process) evidente en el trabajo de alta calidad presente en los últimos años en la gran fotógrafa norteamericana Sally Mann.

El daguerrotipo y derivados, el regreso de bellas imágenes llamadas calotipos (positivos derivados de negativos en papel) y demás especies que vieron su apogeo a mediados del siglo xix también aparecen en estos últimos años, como contrapeso al “fotografismo” de masas que vemos a diario en blogs de lectores y las millones de imágenes que flotan a la deriva en los océanos del Internet.

El célebre pintor Chuck Close, maestro indiscutible del hiper-realismo en su pintura, en particular su retratismo pictórico, se dejó venir hace unos cuantos años con un libro portentoso de retratos ejecutados por medio de daguerrotipos, esa escuela que diera vida a la fotografía en 1839 de manos de Louis- Jacques-Mandé Daguerre.
Dice Chuck Close al respecto: “No estoy interesado en daguerrotipos por el hecho de ser un proceso de anticuarios. Me gustan porque desde mi punto de vista, la fotografía nunca ha sido mejor de lo que fuera en 1840”.

En Bogotá, Colombia, vale la pena mencionar el trabajo didáctico-artístico desarrollado por Fernando Cruz Florez a la cabeza del grupo Fotografía Colombiana. Allí se exploran procesos tradicionales y contemporáneos en beneficio de la expansión del arte fotográfico en general.
 Ver: (https://www.facebook.com/fotografia.colombiana?fref=ts)           (https://www.facebook.com/fernando.cruz.florez)

Cientos de miles de trabajos visuales realizados por orfebres anónimos que exploran la imagen de un extremo a otro del planeta nos ponen de presente que aún la batalla por la imagen no se ha perdido ante el embate de los píxeles y la magna carta del Photoshop.

Para no ir muy lejos basta recordar el éxito logrado hace algunos años por el excéntrico y, hasta entonces, desconocido artista checo Miroslav Tichý, (http://tichyocean.com) autodidacta iconoclasta quien durante muchos años trabajó por cuenta propia en los extramuros del arte fotográfico y vino a gozar de su cuarto de hora pocos años antes de subir a la bóveda celeste de los iluminados.
Sus fotografías captadas a toda prisa con cámaras inventadas de pedazos de cartón, cinta adhesiva y bandas elásticas se expusieron desacralizadas, copiadas en alguna cocina desordenada de la república Checa, rasgadas como estaban por el abandono o la negligencia, en salas de galerías de alto calado en Europa, hace algunos años.

Este curioso personaje hizo de la fotografía un juego personal sin ataduras a escuela alguna, y su visión, contrario al canon o la historia del arte fotográfico le granjeó un éxito inusitado.

Sus fotografías hacen llorar de desconsuelo a los puristas, sus sorprendentes cámaras hechizas, sus increibles retratos (ver para creer, es la consigna) que rinden culto a un vouyerismo sin fronteras pueden ser vistos en su página de facebook, la que aun después de muerto nos lo muestra tan campante como el enérgico caminante Johnnie Walker con su paso firme hacia el futuro.

Todo lo cual me hace recordar la inmortal cita de Mark Twain, al leer en un tabloide neoyorquino, en junio de 1897, un informe apócrifo sobre su propia muerte: “Los informes sobre mi muerte han sido una exageración” 

Saturday, 4 October 2014

Crónica de un Proyecto Fallido











Mi historia, la crónica de mi fallida empresa, comienza como tantas otras que inician su recorrido plagadas de buenas intenciones y terminan en el desconcierto de lo irrealizable.
Lo mío era simple: viajar a mi playa predilecta en mi más favorita ciudad y luego de un par de días de descanso, dedicarme a fotografiar personajes entre los lugareños y los venidos de fuera, los que encuentro cada año en la ciudad de Cádiz. 
Desde hace seis años he pasado mis vacaciones de verano en esa ciudad maravillosa. Me gusta el bullicio de los niños en sus parques hasta pasada la medianoche; las memorables tertulias con amigos y la frescura del jerez en las plazas de Mina y San Francisco.
De madrugada suben por entre pisos los diálogos de transeúntes, amplificados por el eco en las estrechas paredes de sus callejuelas. 
Las voces se cuelan por celosías de ventanas y balcones a perturbar el sueño de quienes duermen bajo el azul profundo en la noche andaluza.
En estos pocos años he conocido muchos senegaleses que ganan el pan y el de sus familias recorriendo en largas caminatas la playa internacional, La Victoria, y la local, La Caleta.
Van y vienen de aquí para allá vendiendo arandelas y brazaletes, tobilleras de colores, luminosas carteras de plástico, gafas de sol, faldas de algodones radiantes y cuanta cosa pueden cargar en sus manos, o en tablones henchidos de mercancías que cargan agobiados bajo el sol alucinante de la costa gaditana.
Son de una resistencia implacable; no bullangueros, siempre respetuosos, son estoicos o tristes, distantes o amigables; además terriblemente fotogénicos, algunos tan misteriosos como máscaras de ébano.
Al caer la tarde se instalan en el centro, en los andenes y portales de calles atestadas de transeúntes que han salido a dejarse acariciar por la brisa vespertina o en busca de una cerveza, un helado o un café.
Es entonces que la policía local los hostiga y les requiere que se marchen a otros lados con sus mantas y sus abalorios, sus CDs, sus camisetas de Ronaldo y sus cuitas.
Quise incorporar en mi proyecto estos seres vulnerables, producto de la inmigración ilegal; antiguos guerreros que han llegado hasta las costas andaluzas para poder alimentar sus familias a larga distancia.
Muchos de ellos, en razón de trabajar a diario durante los veranos son conocidos de madres, tías, abuelos y niños en la playa.
En las noches, antes de las diez y media se les ve saliendo del centro hacia la estación del ferrocarril, a tomar el último tren rumbo a sus moradas en San Fernando, Ciudad Real o el Puerto de Santa María entre otros sitios.
Después de mucho insistir pude convencer a unos cuantos para que se dejasen fotografiar, una vez sorteadas la renuencia y sospecha iniciales.
Hice varias tomas en el centro y ninguna en la playa. Pudo más el orgullo o el recelo de su parte que mis teorías sobre comunicación visual.
Paralelo con ellos fotografié europeos, trabajadores varios, mendigos y mercaderes callejeros en las concurridas tardes, para establecer al menos una semblanza de balance editorial.
De igual forma, cada mañana a las ocho salí a fotografiar sus barrios a medio despertar, antes que las calles se llenaran de gente.
Al cabo de dos semanas sentí terminada mi tarea, mi narrativa visual cubría por medio de retratos los personajes del entorno y vistas de la ciudad.
Pensé haber logrado mi objetivo luego de haber disparado una docena de rollos de medio formato y otro tanto de 35 milímetros.
Antes de partir de vacaciones un colega fotógrafo insistió en prestarme una cámara Rolleiflex, uno de mis aparatos predilectos de magnífica presencia, la cual según sus propias palabras, “funciona como un Rolls Royce”.
Acepté sin pensarlo dos veces, a sabiendas que mi vieja Rolleiflex, que más parece un Volkswagen modelo 55, mucho mayor que la que ahora llevaba de viaje, jamás me ha defraudado.
Me dejé engatusar por la oferta de mi amigo, su cámara es más elegante y llamativa que la mía, con su prisma impecable reluciendo como la cúpula de la Basílica de San Pedro.
Nada de lo vivido en este viaje hasta mi regreso a Inglaterra me había preparado para la gran sorpresa que me esperaba al revelar mis rollos en el laboratorio.
La cámara que utilicé, la sexy Rolleiflex de marras, resultó con un defecto interno que arruinó todos mis retratos tomados en película de medio formato.
Los negativos aparecen mancillados por marcas grotescas y abrasiones irreparables sobre la emulsión, haciendo de mi intención documentalista una parodia de fracasada ilusión.
Rescaté lo que pude rescatar mientras refunfuñaba madrazos e imprecaciones a diestra y siniestra, al tiempo que juré no dejarme embelesar nunca más por el lujo ajeno.
Estas imágenes aquí presentes hacen honor a aquel adagio antiguo que dice que hay que salvar del ahogado el sombrero.


Friday, 3 October 2014

Rob Morris, Jewellery Designer

The past few months have seen me slack off my pursuit of portraiture. Now the summer months are a long past memory and I have started anew with a small selection of some of the local talent so abundant in our coastal town.
This small series should be the beginning of a reinvigorated quest, to make good on the promise to always chase the portrait, no matter where it hides.

Bruce Williams af Fifty

Landscape painter Bruce Williams, one of our celebrated artists, just turned fifty years-old and can now seriously convey the serene maturity of those who have graduated to half a century in good shape and  steady pulse.

Steve Asquith, Master Engraver, Sept 2014



This past summer I met Steve Asquith, local artist who happens to be a master engraver. His seascapes are a collection of moody, sober, and beautiful studies in the infinite possibilities of coastal water as subject. His prints carry the signature of a man dedicated to excel at his chosen craft.

Marina enters Secondary School


Portrait of a Young English Lad