Saturday, 31 January 2009

El Photoshop de los pobres


















Debo esta imagen a mis exploraciones combinadas de luz eléctrica y química, e intuición en el cuarto oscuro, sitio de encuentro y despedida de tantas ideas y malogradas expectativas. En los últimos meses he incrementado el volumen de mi osadía y he producido, no tanto por azar, como por el dudoso método de creer en el poder del espíritu explorador de Man Ray, un cuantioso número de imágenes que me resultan muy satisfactorias. Sobre todo porque lo que he ido acumulando lo he puesto en la columna de los logros empíricos del Photoshop de los pobres.
Dios cuida de sus borrachitos, decía mi madre.

Not quite the Third World



Vamos, que no es Quito, Lima ni Bogotá.
Ni Manila, San Salvador o La Paz.
Adivina, adivinador...

La Sagrada Familia

Explorando con una varita


















He estado hurgando con una varita el profundo hueco donde a veces puedo escuchar desde el fondo de la tierra, mezcla de rugido y suspiro de ultratumba, la voz de Man Ray.

Sunday, 25 January 2009

Two views of Neil Sloman




































They seem to be always at work, these guys and their cameras. Can not take a break even while on holidays just because there might be another shot just around the corner and it is not to be missed. That seems to be all the gift we got from life, that and much more, of course, but we are stuck mainly with this one of not wanting to lie down and let reality pass unchecked.
Bless you, dear colleague and my Rolleiflex sibling...

Inner peace

Puerta, Sevilla

Invisible bride

Sunday, 18 January 2009

Two views of the passing of time...


















With Sahara, San Francisco, USA, 1991



















With Sahara in Whitstable, England, 2009

Two views of Fernando Cruz Kronfly



































Portraits of Colombian writer Fernando Cruz Kronfly taken en Cali, Colombia 1996
©Lalo Borja

Several ways of looking into a window



Sunday, 11 January 2009

El paso del tiempo


















Treinta y cuatro años separan estas dos tiras de retratos. La primera recoge la cara inocente de un joven soñador, en Toronto en 1974; y la segunda, el rostro ya curtido por el tiempo y los andurriales, de un hombre más allá del medio siglo, en el invierno de 2008 en París.
En medio de ambos tiempos tan diferentes el uno del otro, está el territorio del sueño y el desengaño; de las ilusiones perdidas y las metas logradas; de los descubrimientos y las asombrosas verdades que la vida nos brinda.
En ellas vemos al joven que usa la gorra para esconder su rostro ante el temor del futuro incierto de inmigrante, sin mucho más destino que el que la vida habrá de ir descubriendo de a poquitos. En la segunda, el hombre ya ungido de experiencia y caminos recorridos, recurre a su instrumento para mostrar que aún sigue en busca de las verdades que la vida le trae día a día.
"No he hecho nada para estar tan viejo", dijo el poeta, palabras que ahora repito, en esta hora de sinceridades a la fuerza.

Del tiempo nadie escapa


















La fotografía es un gran espejo. Quizá el espejo más inflexible y brutal de todos cuantos puedan existir. Nadie escapa de su mirada frontal y sin perdón. La fotografía es el tiempo condensado en millones de instantes que habrán de convertirse en un bloque gigantesco que traduce nuestra vida a una simple imagen y que habrá de mostrarnos, en toda su crudeza, que estamos hechos de partículas deleznables de tiempo.
Mi amigo, el crítico de arte Carlos Jiménez, escribe desde Madrid un mensaje veraz y admonitorio: "...nunca olvides que la muerte no está delante de la cámara: esta en la cámara"; refiriéndose a la función del escrutinio fotográfico a partir de esa caja de memorias inútiles, efímeras y en últimas potencialmente trascendentales, que usamos aquellos quienes hemos hecho de la imagen -la persecución de imágenes- nuestro objetivo.
La distancia cronológica de estas dos imágenes está medida en 30 años. La medición emocional y vivencial es imposible de imaginar. En este lapso, porque todo no es más que eso, he visto mi vida desarrollarse y transformarse mucho más allá de lo que el rostro ajado por los años pueda mostrar. He visto morir mis padres y mi hermano menor. He visto muchas lunas llenas y oscuras noches. He visto el nacimiento de mis dos hijas y mi hijo; he viajado, deambulado, amado, sufrido y engordado. Y he aumentado mi archivo en más de treinta mil negativos. Negativos que hablan de lo que he visto y vivido.
La foto de arriba fue tomada por Laura, madre de Sahara, mi hija mayor, antes que ésta naciera. Treinta años después esa hija nacida en 1981, ha viajado a Inglaterra a retomar la imagen que reside en la distancia inasible de los años, para re-editar el paso del tiempo.
Y así sucesivamente. Es el "tiempo circular", que tanto obsesionó a Jorge Luis Borges.