Wednesday, 31 December 2008

Enrique Buenaventura




















Enrique Buenaventura, Cali 1982 ©Lalo Borja

Bien parece que la desaparición física (Cali, Dic 31-05) de Don Enrique Buenaventura no ha disminuido en lo más mínimo su estatura artística e intelectual en el panorama colombiano. Sus escritos han sido catalogados, sus pinturas reproducidas, sus conferencias analizadas, sus montajes re-editados. El único gran teatro Municipal de Cali lleva ahora su nombre. Finalmente se le reconoce como el genio que fue en vida. Este aspecto habla más de la negligencia oficial que de la envergadura de sus logros en vida. Nada se le dio gratuito, todo lo obtuvo por fuerza del mérito, la inteligencia y el tesón, aun después de muerto.
En uno de sus poemas leemos:

"Estuve tan cerca de la victoria
que me vi perdido.
Presentí mi calavera laureada
Pero vino a salvarme la derrota"

Enrique Buenaventura fue un aventurero en todo lo que inició: desde su juventud como marinero, hasta su vejez al frente de uno de los movimientos teatrales más dinámicos y quijotescos que se tenga memoria en Colombia. Enrique Buenaventura fundó a fuerza de su espíritu el Teatro Experimental de Cali (TEC) a principios de los años sesentas y se mantuvo al pie del mismo contra viento y marea, en tiempos benévolos y aguaceros tormentosos.
"Yo nací en medio de un incendio", le escuché decir alguna vez en medio de whiskies, en casa de Pedro Rey. Pienso que esta frase lo define mejor que todas las sentencias escritas post-mortem. Su causa es la de titanes que enfrentan la vida con una felicidad y una fe inextinguible. Así se hizo actor, dramaturgo, poeta, crítico, pintor y excelso director de teatro. Así habremos de recordarle aquellos que tenemos la fortuna de llevar en la memoria su tono de voz pausado, lleno de sabiduría y humor.
Desde esta distancia sólo me resta repetir tu saludo predilecto, allí donde estés, "Mi querido my dear".

Thursday, 18 December 2008

La mirada profunda de Fernell Franco


















Fernell Franco, Cali 1997 ©Lalo Borja


El 2 de enero de 2006, a la edad de 63 años, el fotógrafo colombiano
Fernell Franco murió de un paro cardiaco, justo cuando su arte
empezaba a recibir reconocimiento internacional. El año anterior su
obra había sido admirada en Buenos Aires y Madrid.
En Cali, su ciudad adoptiva, media docena de sitios repartidos entre
galerías, museos y universidades habían celebrado su talento con una
gran exposición múltiple. Con anterioridad y de manera esporádica,
Berlín, México y La Habana habían sido ya testigos de su talante
visionario.
Muchos llegaron a pensar que su trabajo en el que invirtió la mayor
parte de 40 años de continua labor, dispersa entre fotografía
callejera, periodismo y publicidad, habría de quedar en el olvido como
quedan muchas de las realizaciones de artistas soñadores en el
trópico.
Afortunadamente no ha sido así. La Universidad de Harvard a través del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos, está invirtiendo el dinero necesario para que la obra fotográfica de Fernell Franco no quede en el olvido. Con los fondos proporcionados por esta institución se están preservando y catalogando los archivos. Además se está subvencionando el establecimiento y mantenimiento de la Fundación Fernell Franco en la ciudad de Cali, administrada por Vanessa Franco, su hija; y Martha Izquierdo, su viuda.
Una vez logrado este propósito la Fundación Fernell Franco podrá disponer dónde exhibir el trabajo y cómo mantener el perfil necesario para su crecimiento y la difusión del trabajo fotográfico de este gran artista.
Son cerca de 45 mil negativos que están siendo digitalizados para
luego ser expuestos al público internacional a través de exhibiciones,
publicaciones y divulgación cultural por lo alto.
Su trayectoria es una constante en ascenso; desde sus inicios en la
humilde profesión de mensajero de laboratorio, a fotógrafo público, a
reportero gráfico y fotógrafo de publicidad -donde su genio está
apenas siendo reconocido- llegaremos finalmente a la esencia de su
trabajo artístico.
Es allí donde brilla la mirada profunda de este hombre que en vida
buscó la sobriedad de su visión en un cuarto oscuro a solas con sus
negativos. De éstos se puede deducir que aquello que impulsaba su obra
no era más que la casi imposible tarea de preservar los cambios
sociales, culturales y arquitectónicos de una ciudad en un flujo
vertiginoso de expansión.
La obra de este fotógrafo nos muestra aspectos ignorados de un país ya
desconocido para muchos, a partir del examen de una ciudad en su
taxonomía de una arquitectura tradicional en vías de extinción; en el
registro de la transición de su folclore urbano adormilado, hacia una
modernidad mal entendida. Allí vemos retratados los rituales de barrio
en la serie "Galladas", su estudio de bandas de adolescentes en
polvorientas esquinas que empezaban a ser sacudidas por el terremoto
del narcotráfico y la alucinación del dinero fácil.
No menos importante es su serie silenciosa, profundamente
influenciada por la violencia de un país convulsionado,
titulada "Amarrados", donde la carga simbólica está representada
por grandes bultos atados con sogas en los mercados de pueblos
y ciudades en Colombia.
Ha sido la crítica de arte y curadora María Iovino quien mejor ha
definido este aspecto de su obra:
"En las imágenes de Franco se desentrañan la relación férrea y
desconfiada que se tiene con lo poco o con lo mucho que se posee en
los países en conflicto; la dramática inestabilidad con respecto al
lugar en que se habita; el misterio, la sobreposición de apañamientos
y de soluciones de urgencia que ocultan lo que ha registrado la
memoria; y el sentido lúgubre que imparte aún a las manifestaciones de
la celebración una historia marcada por el avasallamiento del más
débil y por la diferencia extrema"













Imagen sacada de la serie "Amarrados"















De la serie "Galladas"

http://www.drclas.harvard.edu/revista
http://dintev.univalle.edu.co/cvisaacs/fernell/index.htm

Sunday, 14 December 2008

John Szarkowski, Photographer, Critic Extraordinaire







































                                    John Szarkowski, London 2002 ©Lalo Borja


He would have been 83 years of age had he been alive on December 18th 2008. Those of us who admire his writings, his sensitivity and his photographic eye, must remember him as the pioneer critic of photography for the second half of the Twentieth Century. He championed Diane Arbus, Garry Winogrand and Lee Friedlander, at a time in which there were still remnants of a bygone era when photography was thought of as an inferior sibling to painting.
He inherited the director's chair of the Department of Photography at the Museum of Modern Art in New York from Edward Steichen, and for the next thirty years his output as a critic and curator were a constant flow of spirited discourse and brilliant argumentation.
"In the photographic forum of the 1960's to the 90's, he was the equivalent of Aristotle or Socrates, arguing which gods should be revered, and which deposed. Szarkowski's views raised the ire of many photographers, but he had more photographic intelligence in his little finger than his fiercest critics had in their entire bodies", according to the writer and photographer Bill Jay.
His unfailing intelligence in all things photographic gave us the Photographer's Eye and Photography Until Now, two major texts to guide our search for answers in a world that is rapidly evolving when it comes to visual arts and not always for the better.

Tuesday, 9 December 2008

Two artists, brother and sister




Whitstable, Kent, is a beautiful coastal town full of artists. This single fact I can count as one of the blessings of the place. It also helps that the locale is easy on the eye. It always reminds me of San Francisco, when you drive down from the hills and see the town somewhat sleepy and the shimmering waves on the distance.
It was here that I recently met Ron Grun, brother of painter Cathy McTurk and master clarinetist. Ron is a most amiable fellow, quiet, unassuming and a wonderful musician who used to live in Los Angeles but now makes his home in Paris.
I wanted to seize the moment and asked them to stand for a portrait the next morning, the very last day of November 2008. Here are the results.

Saturday, 6 December 2008

A Photographer's Life


















La fotógrafa y su hija mayor, Sarah, en Mayo de 2003-
Poughkeepsie, Estado de Nueva York. Foto: Lalo Borja ©


"La Vida de una Fotógrafa" es título con el cual la reconocida artista americana presenta una extensa retrospectiva en Londres, en la National Portrait Gallery, ese templo del retrato. Como era de esperarse la muestra contiene un gran surtido de celebridades: aquellas que lo son por derecho propio al haber demostrado inigualables dotes histriónicas en la política o el cine; y otros, célebres por ser artistas, cantantes y modelos rutilantes. O atletas que han terminado siendo declarados por los medios como celebridades bona fide.
La fotógrafa ha transitado la farándula, aquella que se mueve en las entretelas de la estratosfera hollywoodense, durante muchos años, y ha terminado, finalmente, siendo declarada ella misma una celebridad. Muchos dirán que por asociación. Yo quisiera pensar que por derecho propio gracias a su trabajo artístico.
Lo más interesante, a más de paradójico, en esta exhibición nos muestra a la artista dispuesta a abrir ante el espectador una ventana a su vida privada, a sus pesares y sus alegrías. Mezclados en medio de algunos espectaculares retratos por entre las salas que conforman la galería, han sido colgadas pequeñas fotografías en blanco y negro que contienen los códigos de su intimidad.
Así, somos partícipes del nacimiento de sus tres hijas, de las bodas de oro de sus padres y de numerosas escenas que sólo se ven en los álbumes de familia. Hay decenas de retratos de sus hermanas, su hermano, sus sobrinos, sus cuñados y, en especial, de sus padres a medida que envejecen. De esta forma hemos visto morir a su padre y a su compañera de muchos años, la escritora Susan Sontag.
Llama la atención el empeño con que se nos han querido mostrar estos hechos. Es una demostración de inmenso coraje; en efecto, se trata de una catarsis llevada a cabo en público que seamos llamados a ser testigos a la fuerza para evidenciar los estragos que el cáncer y la edad hicieron sobre dos de sus seres queridos.
En algún cuento de Borges hay una frase lapidaria que define de manera terrible los muertos y que se aplica a propios y a extraños, al decir acerca de alguien que ha dejado de existir que había adquirido "ese aire de cachivache que tienen los difuntos". Eso es exactamente lo primero que me vino a la mente al ver los retratos funerarios de Susan Sontag. Toda la gloria de su intelecto aparece derrotada por la impostergable. Es un homenaje impensado a aquellos fotógrafos del siglo XIX que se ganaban la vida trabajando imágenes mortuorias.
Hay también un sentido homenaje a Richard Avedon, de quien hizo un retrato menos que satisfactorio, tal vez intimidada ante la presencia del gran retratista. Sobresalen tres piezas maestras: el retrato funerario, esta vez a priori, del escritor William Burroughs; un magnífico retablo clásico del pintor Julian Schnabel; y un extraordinario retrato a color del actor Daniel Day Lewis, poseído por el fantasma de Abraham Lincoln.
Hay también en esta exposición una curiosa serie de paisajes ampliados al tamaño de las paredes de la galería, los cuales la artista ha tratado de explicar como imposiciones de trabajo y que muy a pesar de no ser ejemplos perfectos del paisaje -casi nada lo es después de Ansel Adams- hay que admirarlos con un cierto aire de incredulidad. Existe un trecho muy largo entre la intimidad del retrato y las áridas vistas tomadas mientras se cubren las distancias desde el vientre de un helicóptero.
En cuanto a los retratos de la reina Isabel de Inglaterra, Leibovitz produjo una serie magistral de retratos en los cuales la soberana parece flotar en armiño y piedras preciosas, rodeada de la pompa extrema de quien heredó un imperio, pero a estas alturas ya esas escenas tienen un aire anacrónico y sobrecargado. En materia de retratos de su alteza real pienso que me quedo con aquellos de inigualable elegancia y mesura que produjo el gran Cecil Beaton hace ya medio siglo.


National Portrait Gallery, Londres. Hasta Febrero 1 de 2009